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26-04-2006
Descripción:
“Yo estaba en otra cosa cuando
A mediados de diciembre y de sorpresa
Tomaste decisión propia, tu costumbre,
Optaste por no respirar, y te fuiste,
Como si fuera posible, solo cerrar los ojos
Entrar en el silencio tenue de la tarde
En pleno verano, y terminar, como si nada
Hubiera pasado, mujer de blanca piel y
Ojos de cielo, esos eternos ojos de cielo
Que no dejan nunca de mirarme.”
“Esta obra de VÃctor Hugo Arévalo Jordán, surge desde la evocación, evocación del ayer, de la muerte como un irse por decisión propia, no personal sino de un ser tan sagrado como es la Mujer —y esto nos trae a colación un poema publicado en 1977, “Piedra Húmeda” dedicado a una mujer-amiga. Ante esta decisión el poeta re-nace, nace de nuevo, pero ahora sin el apoyo de la Mujer, maternal a veces, por eso nos dice “nuevamente abrà los ojos”, porque con ella los abrió por vez primera, ahora lo hace solo y el espectáculo es otro, sólo es congoja, angustia, anhelo de pasado... Es “profunda emoción recordar el ayer”...
La muerte es para el poeta una partida, un irse con un deseo ferviente de los que pisan aún la tierra, “llegar” a la Gran Casa... Casa Eterna, lugar al que partimos apenas nacemos, porque nacer, es empezar a morir, es comenzar a irnos cada dÃa sin saberlo, a irnos cargando en nuestro bolso, nuestras obras, y nuestra magia, para dejar en la partida definitiva, el dolor del ya no estar, del ser solo un recuerdo que a veces carcome, un silencio que despliega ausencias, imágenes, sensaciones, olores y abandono...” - Prof. Claudia Suppo
Web Autor: http://www.edicionesdelsur.com/i ...
A mediados de diciembre y de sorpresa
Tomaste decisión propia, tu costumbre,
Optaste por no respirar, y te fuiste,
Como si fuera posible, solo cerrar los ojos
Entrar en el silencio tenue de la tarde
En pleno verano, y terminar, como si nada
Hubiera pasado, mujer de blanca piel y
Ojos de cielo, esos eternos ojos de cielo
Que no dejan nunca de mirarme.”
“Esta obra de VÃctor Hugo Arévalo Jordán, surge desde la evocación, evocación del ayer, de la muerte como un irse por decisión propia, no personal sino de un ser tan sagrado como es la Mujer —y esto nos trae a colación un poema publicado en 1977, “Piedra Húmeda” dedicado a una mujer-amiga. Ante esta decisión el poeta re-nace, nace de nuevo, pero ahora sin el apoyo de la Mujer, maternal a veces, por eso nos dice “nuevamente abrà los ojos”, porque con ella los abrió por vez primera, ahora lo hace solo y el espectáculo es otro, sólo es congoja, angustia, anhelo de pasado... Es “profunda emoción recordar el ayer”...
La muerte es para el poeta una partida, un irse con un deseo ferviente de los que pisan aún la tierra, “llegar” a la Gran Casa... Casa Eterna, lugar al que partimos apenas nacemos, porque nacer, es empezar a morir, es comenzar a irnos cada dÃa sin saberlo, a irnos cargando en nuestro bolso, nuestras obras, y nuestra magia, para dejar en la partida definitiva, el dolor del ya no estar, del ser solo un recuerdo que a veces carcome, un silencio que despliega ausencias, imágenes, sensaciones, olores y abandono...” - Prof. Claudia Suppo
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